Nació
en Buenos Aires el 11 de julio de
1865.
Murió en Buenos Aires el 20 de marzo de 1940.
Pablo A. Pizzurno fue
uno de los más
destacados pedagogos argentino del siglo XX.
En 1882, recibió el diploma de
Maestro Normal e, inmediatamente,
comenzó a dictar clases en la Escuela
Normal de Profesores. En 1884, fue designado director de escuela, en
un establecimiento de Balvanera (en la Capital Federal).
Un año después, ingresó al plantel
docente del Colegio Nacional, y creó, en
la Escuela Gratuita de Subprefectos y
Ayudantes, la Cátedra de Pedagogía.
Por ese entonces, Pablo A. Pizzurno, que sólo
tenía 20 años de edad, comenzaba a destacarse como conferencista
y como articulista en
las más importantes revistas educativas
de Buenos Aires.
En 1887, fue nombrado director
de la Escuela Superior, y en 1889, fue delegado del Consejo Nacional de Educación
a la Exposición Internacional de París. En ese
viaje a Europa, Pizzurno debió además visitar y estudiar las formas
pedagógicas utilizadas en los establecimientos
educativos del Viejo Continente.
Esta investigación se reflejó
en numerosos informes y
monografías, que luego fueron publicadas por el
Consejo Nacional de Educación.
En 1890, creó y dirigió el Instituto
Nacional de Enseñanza Primaria y
Secundaria. En 1891, fue designado también
titular de la Cátedra de Castellano de la
Escuela Normal de Profesores.
Dos años después, junto a Alfredo
Ferreira, creó la revista pedagógica
La Nueva Escuela, en la cual publicó sus
ideas de renovación de la enseñanza en todos los
niveles educativos. Muchas de estas ideas se vieron plasmadas en la práctica poco tiempo
después, cuando, por ejemplo, se impusieron las
clases de educación física en todas las
escuelas del país, en 1893.
En 1897, pasó a integrar la
comisión encargada de renovar
los programas de estudios de las escuelas de Capital. Al año siguiente, fue no nacionales, escuelas normales e institutos
especiales de la Nación. En 1900, fue ascendido
a Inspector General de la Enseñanza secundaria,
normal y especial.
En 1902, presentó ante el
Ministerio de Instrucción Pública un
informe en el que recopilaba todos
los métodos de enseñanza y planes de estudio
desarrollados en el país hasta esa fecha, a la
vez que proponía numerosos
cambios en la metodología pedagógica
y en las formas de enseñanza.
Luego, en 1904, fue interventor de varias escuelas normales del interior del
país (en Santiago del Estero, Córdoba, Catamarca,
etcétera) y fue profesor del
Instituto de Profesorado Secundario y del Colegio Nacional del Noroeste, cargos que abandonó en 1905, cuando fue nombrado Inspector
Técnico General de la Enseñanza.
Posteriormente, Pizzurno ocupó
distintos cargos relativos a la
gestión educativa en el
ámbito nacional y provincial, y desarrolló
una vasta trayectoria
como conferencista y ensayista.
De estos trabajos surgieron muchas de sus obras escritas:
Pininos, un texto de lectura para escuelas
primarias (1922); tres tomos de los Textos de lectura
corriente; Consejos a los
maestros (1906); La educación común en Buenos Aires (1910); El
Instituto Superior Nacional de Educación
Física ( 1914); El profesor secundario
(1915); Vacíos de la
educación primaria (1916); La escuela y el progreso social
(1928); Educación General (1938),
entre otras.
Pablo Pizzurno murió en 1940. Era
considerado entonces, como en la actualidad, uno de los más destacados educadores del país,
y un renovador de la enseñanza básica de
la Argentina.